Plan Formativo para el Profesorado de una Escuela de Adultos
Estrategias de mediación y gestión de conflictos interculturales
El fenómeno de la inmigración es una realidad presente en nuestro entorno social que contribuye de forma significativa al enriquecimiento económico, cultural y demográfico de la sociedad. Para que se produzca una integración plena y “natural” de las personas inmigrantes de otros países en nuestra sociedad, es necesaria una adecuada gestión de este fenómeno.
Probablemente, uno de los medios para lograr este objetivo sea fomentar la creación de RELACIONES INTERCULTURALES entre las personas que comparten espacios sociales (escuela, trabajo, comunidad, barrio, etc.) Para Boladji Omer Bertin Oke, Director de Inmigración del Gobierno Vasco, la INTERCULTURALIDAD es necesaria porque ésta no equivale necesariamente a la confluencia de identidades ni a la asimilación de otras culturas en la sociedad receptora. La integración implica la posibilidad de desarrollo libre de las diversas identidades e igualdad, así como un proceso de interacción e interrelación entre ellas (Prólogo de SADUK, Guía para formar a los educadores y las educadoras en la interculturalidad y la inmigración, p. 9)
La escuela para adultos a la que está destinada el Plan Formativo para Profesorado que aquí estamos presentando, se encuentra en un barrio con gran diversidad cultural (algo más del 50% es población inmigrada de otros países) La necesidad de elaborar este Plan surgió a raíz de los últimos conflictos entre dos grupos de alumnas participantes en un programa de alfabetización en la escuela. Probablemente, si la situación hubiera sido gestionada por parte del profesorado y el claustro de la escuela desde la interculturalidad, las consecuencias no hubieran sido tan críticas. La INTERCULTURALIDAD posibilita poner en un plano de diálogo e interacción la cultura propia con otras culturas de tal forma que a partir de la coexistencia todas se enriquezcan manteniendo como premisa la equidad.
Teóricamente, la INTERCULTURALIDAD está basada en la comprensión entre culturas y la valoración de cada una en un plano equitativo, generando formas de convivencia entre culturas diferentes. Una gestión y mediación de conflictos sustentadas en la creación de relaciones interculturales contribuiría a una relación igualitaria y a crear un intercambio entre las culturas en contacto, construyendo un diálogo crítico y creativo entre esas culturas, aunque inicialmente tiendan al conflicto. Como se menciona en la Guía anteriormente señalada (p. 17), desde el punto de vista personal, la interculturalidad dibuja un contexto flexible y abierto en el que la persona se puede mover libremente y puede construir su propia identidad a partir de ella misma, y no a partir de lo que los otros le impongan a raíz de su propia adscripción a un entorno cultural concreto.
La educación de adultos tiene que abordar el reto de desmontar las asimetrías y construir las condiciones de la multiculturalidad, para convertirlas en interculturalidad (“La educación de adultos y la educación intercultural: un estudio de casos en el centro de educación de adultos de Albuñol (Granada)” de Eva Mª Aguaded Ramírez y Sandra Duro Vázquez) Para acometer este proyecto, tanto el alumnado como el profesorado deben respetarse recíprocamente, deberán aprender a compartir nuevos significados y nuevos comportamientos de relación. Para ello habrán de encontrar una nueva forma de organización, actuando de forma seria y profesional ante esta nueva realidad social de todos, reduciendo las desigualdades.