En este momento aunque tu no seas consciente estas sintiendo algo, y es que nuestros sentimientos nunca logran permanecer totalmente neutrales. Constantemente nos sentimos al borde del abismo, porque la realidad que vivimos, nuestros deseos, nuestros sentimientos, nuestras obligaciones nos llevan a pensamientos contrapuestos. Nos sentimos desbordados ante las expectativas de los demás y de las nuestras propias, intentamos perseguir unas metas impuestas que muchas veces no son nuestras metas.
Los sentimientos, sean cuales sean, son el reflejo de nuestros actos, y aparecen en forma de ilusiones, esperanzas o temores. Cualquier acto que realicemos, nos produce placer, disgusto, diversión o aburrimiento. Y sí, una vez realizada una acción los sentimientos de tristeza, satisfacción, ánimo, remordimiento o angustia nos invaden. Los sentimientos son parte de nosotros, aunque no siempre seamos capaces de identificarlos ni de controlarlos, ellos nos acompañan durante toda nuestra vida.
Nuestros sentimientos pueden cambiar con gran rapidez, nos enfadamos, nos alegramos, nos ponemos tristes en cuestión de segundos. La forma de ser de cada uno, hace que percibamos los hechos desde diferentes realidades y que por tanto reaccionemos de diferentes maneras y con intensidades diferentes. En la misma situación, una persona estallaría de ira, mientras que otra ni se inmutaría.
El estado sentimental es muy importante porque, aunque no lo parezca, cualquier sentimiento influye en nuestro estado y por tanto en todas nuestras acciones y reacciones. Por eso, es muy importante educar esas reacciones para poder llevar las riendas de nuestra vida.
Uno no nace sabiendo identificar y gestionar sus sentimientos, requiere un largo y duro trabajo. Para que ese camino del aprendizaje no sea tan arduo trabajarás con tus compañeros en este interesante proyecto que durará dos días.
Y os estaréis preguntando: ¿Qué proyecto es ese? Se trata de aprender a gestionar un sentimiento que seguro que se os hace muy familiar: la ira.
¿Quién no se ha enfadado tanto que ha estallado de manera incontrolada aunque luego se halla arrepentido? Muchas veces somos conscientes de que nuestra ira es injustificada y que se debe única y exclusivamente a nuestro estado de mal humor. Otras veces tenemos razón para enfadarnos pero resulta que nuestra reacción es extremadamente exagerada. Pero, ¿cuál es la reacción que deberíamos tener ante una situación que nos molesta mucho? ¿Debemos callarnos o por el contrario expresar nuestro enfado?
Con ayuda de vuestros compañeros y la ayuda de los recursos que se proponen vosotros encontrareis la respuesta.
¡Animo! Disfrutad del camino del aprendizaje y no olvidéis que vosotros sois los dueños de vuestros sentimientos.